Por qué nuestras «cordales» se han quedado sin sitio en el siglo XXI y cómo el Dr. Antonio Vázquez puede ayudarte a ganar la partida.
¿Alguna vez has sentido que tu propia mandíbula conspira contra ti? No eres tú, es la evolución. Las muelas del juicio, esas intrusas que suelen aparecer entre los 17 y los 25 años, son el ejemplo perfecto de que nuestro cuerpo a veces guarda «recuerdos» que ya no necesitamos.
El dilema del cavernícola vs. el humano moderno
Hace miles de años, nuestros ancestros tenían mandíbulas robustas y anchas. Necesitaban ese tercer molar para triturar raíces, carne cruda y alimentos duros. En aquel entonces, las muelas del juicio eran las aliadas perfectas.
Sin embargo, el guion cambió:
- Dieta blanda: Ya no masticamos como neandertales; nuestra comida es procesada y fácil de digerir.
- Cerebros más grandes, caras más pequeñas: Evolutivamente, nuestro cráneo ha dado prioridad al cerebro, reduciendo el espacio para la mandíbula.
El resultado: Las muelas del juicio llegan a la fiesta, pero ya no hay sillas libres. Al intentar hacerse un hueco, es cuando empiezan a «sabotear» tu salud dental.
¿Cómo intentan sabotearte exactamente?
Cuando no tienen espacio, las cordales no se dan por vencidas; simplemente se vuelven rebeldes:
- El empuje invisible: Pueden apiñar el resto de tus dientes, arruinando años de ortodoncia.
- La emboscada (Muelas impactadas): Se quedan a medias o crecen de lado, provocando infecciones y dolor agudo.
- El escondite: Al ser difíciles de limpiar, se convierten en el refugio favorito de las caries y la inflamación de encías.
¿Por qué casi nadie se libra?
Aunque existe un pequeño porcentaje de afortunados que nacen sin ellas (o que tienen espacio de sobra), la gran mayoría de nosotros sufrirá este desajuste evolutivo. No es una cuestión de mala suerte, es simplemente que nuestra anatomía actual ya no las prevé.
En AVR Maxilofacial, bajo la dirección del Dr. Antonio Vázquez, somos especialistas en detectar estos «sabotajes» antes de que se conviertan en una emergencia. Una extracción a tiempo no es solo quitar un diente; es devolverle el equilibrio y la paz a tu sonrisa.
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